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miércoles, 15 de febrero de 2023

Amante pardo

 





Al castillo de Montizón.

 

Antes de conocerte me conquistaron tus gestas

de caballeros y poesía.

Castillo de amor ahora y antaño,

amante pardo de la villa que te vigila desde su calle grande.

Tienes la piel tostada por las brasas del tiempo devastador

al que sedujiste nada más ser concebido

para hacerte señal en tu tierra,

enclave de leyendas y bastión de sobria belleza.

 

Mi amante pardo descansa en lo alto del cerro y no puedo verlo,

el horizonte se viste de distancia.

Desde aquí huelo los juncos que lo admiran al lado del río

donde muere la lluvia que lava su cara,

oigo a los pájaros que lo despiertan con sus acordes,

siento el mismo aire que le susurra caricias

pero no puedo abrazarlo

por mucho que me pierda en mi retentiva.

 

Quiero ser ceniza viva mezclada con tu argamasa,

soportar el peso de todos tus siglos

y reírme contigo de guerras, bandos y obsesiones.

 

Oigo tu voz correr entre las siembras,

imagino sus ondas, perennes

esteras desde donde huyen tus sueños

bajo la atenta mirada de la luna llena

a quien rezas por mantenerte en pie.

 

Tu erguido cuerpo es emblema en mi memoria,

resquebrajada por el viento entre hojas de chaparro

ésta se erosionará antes que tu piel se desgrane

y sé muy bien que no me recordarás.

 

¿A dónde irán los pasos a tu vera cuando yo no esté?

¿Acaso serán hierbajos que te abriguen en invierno

y aguanten la escarcha para que no tengas frío?

Si es así, quiero ser devorado por conejos y vacas,

hacer que sus pasos sean míos y sientan lo que yo cuando te veo,

y sus ojos se despidan del tiempo como un día hiciste

y,como el mío, sus cuerpos alimenten tus raíces.

 

Amante pardo de vetusto lustre,

antes de derruido quiero verte oculto

entre tierra almagra que tu cuerpo guarde

dentro de su regazo de madre encinta que olvidó parir.

Y si un día te encontrasen,

allí estará el liviano recuerdo de los pasos que di

cuando aún no era yo, cuando fui y cuando dejé de serlo.





jueves, 23 de abril de 2020

Historia de un libro








  Cuando los días de los sesenta estaban en las calles, un chiquillo muy hacendoso tocó su primer libro. Al abrirlo sintió una melodía nueva, sus ojos se abrieron al ritmo de las palabras. Parte de su curiosidad innata calmó su sed, a la otra parte le dio hambre. Esa hambre le hizo amar la escuela, abrió sus tímpanos a la voz del maestro y fue uno de los niños más educados. Su madre le daba lustre y cuidados, su padre los víveres. Sobre este sustento fue creciendo con el hambre de saber, soñaba con ser escritor.

Llegaron los setenta, le trajeron la oportunidad de rodearse de libros y un mal cruce. Su madre, bien dispuesta, iba a matricularlo para cursar estudios superiores. Él la acompañaba con un libro en las manos. En dirección contraria soplaba un viento de antaño, empujaba a la que era suegra y abuela. Antes del cruce las paredes encaladas palidecieron con su conversación:

-             ¿Ande vais, mujer?
-       Vamos a apuntarlo para que siga estudiando el año que viene. Nos ha dicho el maestro que el niño vale.
-      ¡Qué cosas tenéis la gente nueva! El muchacho vale, pero pal campo como su padre y su abuelo. Al hijo de la Francisca se lo llevaron a estudiar y se ha vuelto un perro y muy señorito. ¡Quita, quita! Veniros a mi casa y me ayudas a hacer cosas mejores.

Y del brazo se llevó a la madre, al hijo y al espíritu ilustrado que sujetaba aquel libro.

Muy poco después el mozo cambió la textura del papel por de la harina. Las horas de sueño le alejaron de los libros, pero no del papel. De vez en cuando llenaba un cuaderno, no se sabe quién más a quien. Entre sus manos y el papel tuvo al tiempo, a su fe y llegó a escribir al amor. Cuando lo conoció dejó la tinta con la cadencia que se alejaban los setenta. Su vida respiraba poesía, las rimas consonantes y asonantes se alternaban en los ochenta. Si se perdía alguna rima él era un verso libre, un sano proyecto había auto rescatado al escritor que un día fue y al estudiante que no pudo ser antes. Después creó una familia a la que dedicarse, les escribió al respirar.

Su naturaleza se manifestó de nuevo. Volvieron los libros, volvió el hambre y con ella una máquina de escribir. Dio ritmo a sus palabras, hizo bailar a otros ojos y una noche soñó un hijo de papel.  

Sus versos llegaron a brillar como astros en el espacio virtual, sus noches frente al ordenador dieron entretenimiento y esperanza a quienes estaban en otras pantallas. El siglo XXI lo quiso menos de lo que habría debido, le dio las alegrías con las que el tiempo halaga a toda su prole, pero se llevó sus letras demasiado pronto. Escribir le dio la vida, pero aquellos ojos tan abiertos se cerraron para siempre. Sus cenizas encarnaron un libro póstumo, su sueño desde niño se cumplió. Aunque no estuvo para verlo, así alcanzó la inmortalidad.



miércoles, 23 de enero de 2013

REYES Y JUAN




Reyes se durmió mirando las farolas,
eran constelaciones tras la ventana abierta.
Las luces dibujaban los pasos que dio
por amor.


Allí estaba su amado Juan,
esperaba en las calles
de las que un día hicieron el cielo
con solo caminar.


lunes, 2 de julio de 2012

LA BANDERA DE LOS VALIENTES


Sin uñas pero con dientes
ondean su bandera los valientes,
aquellos que no mataron ni vencieron.
Sobrevivieron.

Y como tal se mostraron
esos niños que fueron mutilados
de sentimientos. Restaron
de su vida que fueron abandonados.

Héroes de barro manchados,
machacados y heridos,
mas nunca hundidos
por quienes les dieron de lado.

Bocas secas de morder el polvo del camino,
la harina enturbiada del guiso peregrino
que refríe cada día quien no recuerda,
acercándose al olvido contra las cuerdas,

rompiendo esa bandera, olvidada, sin tela ni asta
que cubre los lomos de quienes luchan respirando
lo obviado y malherido sin decir ni ¡basta!
Y siguiendo su naturaleza, siguen caminando

sin uñas, ya caídas de tanto arañar,
pero con dientes, sangrando de gritar
y recibir bofetadas de manos tan sucias
que acarician raspando con impudicia.


viernes, 25 de mayo de 2012

ESPARZAS A JORGE MANRIQUE









I

Oh Jorge Manrique, vestido de capa y tinta
pisaste estos lares de musas y labriego
que ahora parecen estar en largo sosiego
dentro de esta turbulenta época, tan distinta.
Aquí se te recuerda como héroe hazañoso
que alcanzó la inmortalidad llorando a su padre
y en vida no encontró perro que le ladre,
por eso este pueblo se siente orgulloso.



II

No vio otra sombra mejor el castillo de Montizón
que la de este caballero de la Orden de Santiago
para el cual nuestra historia no tiene suficiente pago
con alabarle en su gloria, toda llena de razón.
“Ni miento ni me arrepiento” su lema decía
firmado en papel o con afilada espada,
manteniendo con honor su causa bien hallada
cuando a los Reyes Católicos defendía.



III

Dagas y plumas empuñaron sus manos por igual
en las no tan reñidas artes de luchar y escribir
las primeras letras de aquel brillante revivir
del hombre nuevo, donde no tuvo rival.
Triste es el viento que aún en Uclés sopla
recitando al castillo de Garcimuñoz con hastío
la trágica escena en que el cauce de tu río,
tras impacto de metal, se dio a la mar de tu copla.






jueves, 12 de abril de 2012

PASADO



Nació entre ratas y migajas de pan
heredando el hambre de sus padres.
Fue víctima de sus abuelos, gañanes sin modales
que torcieron su brote con el hilo que los movía:
Miedo a la gente,
pánico a las máquinas
y sufrir cada día.


Heredó todo esto, el pasado,
pero los tiempos cambiaron.
Hubo quien no quiso verlo,
y bañándose en ignorancia
cortaron sus primeras hojas.


En tiempos de ocultas luchas se movió,
creciendo rodeado de cartones y humo.
Cambió el viento, cambió la gente
que su corteza arañó por ser quien había sido.


El tiempo siguió tejiendo pasado
encontrándole un lugar entre el sol y la sombra,
y con raíces torcidas,
mal germinado,
con pocas hojas
y su corteza arañada
floreció.


Esperamos su fruto.


sábado, 24 de marzo de 2012

DOS MONIGOTES DEL SIGLO XX.

 A J.M.S. y MR.P.S.



Se arrugó la piel con que te amaba,
guardando surcos de tu cuerpo ya marchito
con el que se esfumaron mis ganas de vivir
para ser tu recuerdo compartido,
y poder revivir en la nada
desde el día en que te conocí
hasta que te fuiste,
y así hasta la eternidad.


Quiero amarte de forma etérea,
con más fuerza
de la que lo hicieron nuestros cuerpos,
dos monigotes del siglo XX,
en la atmósfera de la felicidad.
Y así hasta la eternidad.



viernes, 4 de noviembre de 2011

ROMANCE DE SOL Y LUNA


Esta historia sucedió en Galicia,
donde dos mujeres se daban caricias.
Es un cuento del siglo XIX con dos princesas
reales, pertenecientes a la clase burguesa.
Bella era Sol, morena azabache,
tanto como Luna, de piel como la leche.
Fueron dos niñas que juntas jugaron
y, sin darse cuenta, se enamoraron.
Mas no era la época. ¡Qué indecencia!
Su amor escondieron con miedo y paciencia.
Rodeadas de besos juntas estudiaron
y al acabar de maestras trabajaron.
Pero hay mentes que no entienden y dañan,
y a dos ángeles separaron con guadaña.
Sol burlaba la noche y cada mañana,
entre amor y sueños, despertaba con su amada.
Luna, con disimulo, vencía al día
en bici iba con Sol, con quien comía.
Sus cuerpos se abrazaban, frágil porcelana,
confundiéndose enlazados en la blanca cama.
Su amor fue tan grande que de nuevo fueron pilladas,
sus familias las rechazaron y fueron separadas
por pueblos, caminos, rías y cerros
que no hacían más que avivar sus recuerdos.
Sol, loca enamorada, se vistió de Lorenzo
para pintar esta historia en otro lienzo,
y dejando todo en busca de su amada
huyó con la lluvia de una madrugada.
Luna la agasajó con besos y un te quiero
presentando a su “novio“, un joven marinero
que con la identidad de su primo difunto se hizo,
un hombre extraño que no recibió bautizo.
Tanto esta historia conmovió al cura
que no dudó en casar a las criaturas.
Tras la boda la gente vio la evidencia
y fueron culpadas pese a su inocencia.
Declaradas en busca y captura,
la pareja se dio a la fuga.
Escaparon tras ser perseguidas,
en un barco encauzaron sus vidas.
Hacia América pusieron rumbo,
nadie supo de ellas en el Nuevo Mundo. 


En memoria de Marcela Gracia y Elisa Sánchez.