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domingo, 29 de agosto de 2021

El cronista

 







Como cualquier mortal, Carlos era de carne y hueso.

Por dentro estaba relleno de bondad, letras

y amor por nuestro pueblo y sus tradiciones.

Construyó una máquina del tiempo con  palabras,

como si fuese Saturno nos invitaba a viajar

por las tierras parturientas de cereales, aceitunas y uvas;

nos paseaba por estas calles, tan rejuvenecidas entonces…  

Panaderías, molinos, yunques y martillos aún trabajan

en la historia de nuestro pueblo gracias a sus manos.  

Con las panzas llenas nos ha hecho salivar su escritura,

al llegar cualquier fiesta amasaba nuestra gastronomía

o nos acercaba a sus orígenes, con el reflejo de los cambios

entre los que se ha movido su existencia, tan animosa.  

Ahora, desde allí arriba, habla a los ángeles sobre nosotros.  

 

A Carlos Piqueras Medina






miércoles, 30 de enero de 2019

No amaneció


No amaneció. Al hacer lo contrario rompió otras aguas, los ojos de quienes lo amaban fueron ríos empujados por una negra sombra. Su madre lo volvió a acurrucar.

Mientras respiró sembró las flores de su ausencia, las abonó con sonrisas y crecieron por su buen hacer.

No amaneció porque ahora es luz.

A Antonio G. Maldonado García






miércoles, 18 de junio de 2014

NO QUISISTE CUMPLIR OCHENTA Y TRES



No quisiste cumplir ochenta y tres,
pensar en los ochenta y cuatro,
ochenta y cinco o los noventa era abrupto.
Callaste tu voz de madre primigenia
contra un acantilado de quebrantahuesos
y tu lejanía florece allí
desde que cerraste los ojos
para segar las espinas
arraigadas en tus entrañas
cuando él se fue.




sábado, 24 de marzo de 2012

DOS MONIGOTES DEL SIGLO XX.

 A J.M.S. y MR.P.S.



Se arrugó la piel con que te amaba,
guardando surcos de tu cuerpo ya marchito
con el que se esfumaron mis ganas de vivir
para ser tu recuerdo compartido,
y poder revivir en la nada
desde el día en que te conocí
hasta que te fuiste,
y así hasta la eternidad.


Quiero amarte de forma etérea,
con más fuerza
de la que lo hicieron nuestros cuerpos,
dos monigotes del siglo XX,
en la atmósfera de la felicidad.
Y así hasta la eternidad.