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domingo, 22 de marzo de 2026

Sobra la palabra (vídeo)

 






Sobra la palabra

 

Sobra la palabra “paz”.

Debió inventarse en una guerra

cuando la violencia embriagó

y la razón lloró de amargura.    

 

Ojalá no hubiesen existido las contiendas

y ver la paz fuese como mirar al cielo.

En el suelo viviríamos como aves:  

diversas, mezcladas entre el mismo aire;

sin más estruendos que los truenos

o un susto sin aliento, de broma.  

 

No sería un nombre la palabra paz

si quien declaró la primera guerra

en su pesadilla hubiese muerto,

cargando los asesinatos y los miedos

con los cuales las guerras miran

a los inocentes ojos de las víctimas.   

 

Ni la angustia, ni el hambre,

ni las sucias caras del odio,

con cuyos semblantes el tiempo  

se asoma en los hogares

donde juegan los niños,

habrían dolido a las manos

antes de firmar tantas paces.

 

No somos tan sabias las personas:

con gritos y canciones imploramos paz

sin ser capaces de mantenerla,

manchando con sangre los últimos milenios

pisoteados por los mal llamados homo sapiens.  

 

Sin guerras, la paz habría sido el estado natural

de las cosas; viviríamos como flores.

Nacer, crecer, algunas reproducirse,

otras tan solo crearían belleza;

y al llegar el fin, ese que tanto aterra,

“Descanse en paz” se reemplazaría

por “Alimente a la tierra que le sustentó”.  

 

Habría sido un sinónimo de vida,

tal vez, sin guerras, la paz;

Tan permanente como la luz

o la certeza del mañana.  

El mero respirar sería paz,

nadie definiría este sustantivo

con los pulmones colmados

y la certeza de que ningunos

se han vaciado por sus semejantes.

 

Si Roma no hubiese pronunciado “pax”,

si las luchas fuesen por superación,

las personas luciríamos un brillo de dignidad

y los esfuerzos bélicos se habrían dedicado

a curar en un pulso constante con la muerte.

 

Si las palabras tuviesen el poder,

con fuerza la paz

se habría sacrificado.   

 

Antonio Maldonado Muñoz

 


viernes, 6 de marzo de 2026

Faltan habitantes

 




Faltan habitantes en Villamanrique,

tras el paso del verano y San Miguel

comienza su noche de fríos amaneceres.

 

El pueblo se consuela; teje recuerdos

en los corazones de quienes disfrutan

al llenar sus calles y estancias,

enseñándole cómo debería ser.

 

Cuando le congela la soledad,

se cubre con una manta de palabras

porque tiene poetas y amantes.

– Valga la redundancia. –

 

Villamanrique huele a teatro, poesía

e historia, narrada por el hilo del tiempo

cuando atraviesa a quienes lo respiran.


 



viernes, 30 de enero de 2026

Sobra la palabra

 





Sobra la palabra

Sobra la palabra “paz”.
Debió inventarse en una guerra
cuando la violencia embriagó
y la razón lloró de amargura.
Ojalá no hubiesen existido las contiendas
y ver la paz fuese como mirar al cielo.
En el suelo viviríamos como aves:
diversas, mezcladas entre el mismo aire;
sin más estruendos que los truenos
o un susto sin aliento, de broma.

No sería un nombre la palabra paz
si quien declaró la primera guerra
en su pesadilla hubiese muerto,
cargando los asesinatos y los miedos
con los cuales las guerras miran
a los inocentes ojos de las víctimas.

Ni la angustia, ni el hambre,
ni las sucias caras del odio,
con cuyos semblantes el tiempo
se asoma en los hogares
donde juegan los niños,
habrían dolido a las manos
antes de firmar tantas paces.

No somos tan sabias las personas:
con gritos y canciones imploramos paz
sin ser capaces de mantenerla,
manchando con sangre los últimos milenios
pisoteados por los mal llamados homo sapiens.

Sin guerras, la paz habría sido el estado natural
de las cosas; viviríamos como flores.
Nacer, crecer, algunas reproducirse,
otras tan solo crearían belleza;
y al llegar el fin, ese que tanto aterra,
“Descanse en paz” se reemplazaría
por “Alimente a la tierra que le sustentó”.

Habría sido un sinónimo de vida,
tal vez, sin guerras, la paz;
Tan permanente como la luz
o la certeza del mañana.
El mero respirar sería paz,
nadie definiría este sustantivo
con los pulmones colmados
y la certeza de que ningunos
se han vaciado por sus semejantes.

Si Roma no hubiese pronunciado “pax”,
si las luchas fuesen por superación,
las personas luciríamos un brillo de dignidad
y los esfuerzos bélicos se habrían dedicado
a curar en un pulso constante con la muerte.

Si las palabras tuviesen el poder,
con fuerza la paz
se habría sacrificado.

Antonio Maldonado Muñoz






jueves, 29 de enero de 2026

"Amor constante más allá de la muerte" de Quevedo

 




"Amor constante más allá de la muerte" de Quevedo, recitado en la Alhóndiga de Villanueva de los Infantes durante la presentación de la novela "Azote"". 





lunes, 20 de octubre de 2025

El poeta pregunta a su amor por la "Ciudad Encantada" de Cuenca. - de Federico García Lorca.

 





Lectura de "El poeta pregunta a su amor por la Ciudad Encantada de Cuenca", de  Federico García Lorca, en la presentación de la novela "Azote" en Cuenca. 


martes, 14 de octubre de 2025

viernes, 8 de agosto de 2025

Gaza

 






¡Gaza, qué mala rima tienes!

Duelen tus cuatro letras,

saben a sangre y hielan el corazón.

Gaza, ¿por qué demuestras así

la inexistencia de los dioses?

 

Gaza, haz que la fuerza

en el significado de tu nombre

cree un escudo para proteger a tus seres.

Deja de enseñar la muerte a tus niños, Gaza;

recuérdales los cuentos y los juegos.

 

Calla las bocas podridas, Gaza;

cura las mentes enfermas,

evita sus balas, bombas y planes contigo.

No te conviertas en otro Oeste yanqui

ni permitas un nuevo tropiezo de la historia.

¡Gaza, obliga a abrir los ojos!  

Enseña a gritar la palabra humanidad

y aparecerán sus rimas y efectos.    






martes, 5 de agosto de 2025

La rosa y el mar

 







Blanca la rosa, 
sobre la arena admira 
las blancas olas.


*


Fuese el regalo 
del mar a la tierra 
o un olvido, 
a la rosa la movió el amor.





lunes, 23 de diciembre de 2024

martes, 10 de septiembre de 2024

El vértigo del cimiento






Emerge otro septiembre como gota de agua

fría en el grifo de las horas.

Siento el vértigo del cimiento, un leve seísmo

nace en mi cabeza y se desplaza al resto del cuerpo.



Así me preparo para recibir nuevos nombres,

acompañarán a tantos otros por encima de las listas.

Nunca serán escombros en la memoria,

pues constituyen paredes de piedra pulida

por los momentos fluidos.



El vértigo del cimiento me abre como a un campo

para albergar otros seres a quienes ofreceré,

de forma ceremoniosa, algo más que mi tiempo.