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domingo, 4 de febrero de 2018

El viaje del potro descalzo













Fuera la niebla limpia las horas,
se acicalan para recibir otro invierno.
Yo hago de las sábanas raíles,
huye mi nariz del amargo olor a vida
y me descubro como un potro descalzo.


Corro entre caballos y yeguas de ojos celestes,
siento al rocío tomar vida entre mis patas.
¡Salpica!
Cada paso implica un nuevo sonido
en el fruto del amor entre tierra y luz.


Escucho palabras bellas que se han de inventar,
vienen aires de esperanza a peinar nuestras crines
y yo corro, corro, vuelo como el pájaro en llamas.


De mi trote nacen raíces, llamadlas recuerdos.
Las cuestas hacen presencia para frenar nubarrones,
alimentan al arroyo sus lágrimas
y sonríen al ver beber a la manada.


Alzo la mirada por encima del tiempo,
veo senderos por doquier.
Cada paisaje quiere calzarme,
hacerme familia suya, de corazón.
Diluidas en cada momento
mis patas son estrellas fugaces,
tantos ciclos en cuatro estaciones
hacen olvidar la materia de mi figura.


Este potro perdido abre los ojos.
No soy yo. Eres tú, padre. Has cruzado el lodazal
y la palabra cáncer es sólo un mal recuerdo.



martes, 29 de agosto de 2017

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A Paco Maldonado Torrijos.





No apagues los soles que evaporan
tus lágrimas. Todavía no.
Se rompe el marco de la memoria
si los encierras y la muerte se revive.
Enrédate en el baño de las horas
con tus huesos raídos 
en combates a campo abierto.
Mantén el pulso inconsciente,
mueve el hilo a las moiras.
Tú que guardas el secreto de los árboles
extiende al neonato que fuiste y recuerda:
Si la vida te duele, la ausencia apuñala.
  









sábado, 12 de marzo de 2016

ÉL A SUS SESENTA.



  A Antonio.


Él a sus sesenta, y a veces quince,
se fuma el mundo como quiere.
Carga sin pesar en sus espaldas
aquello que no le dejaron ser
sin mirar con los ojos del rencor.


Hace de la nieve un lago
donde construye patos de alambre
y si no nadan, les sopla.


Él a sus sesenta, y a veces triste,
no sabe qué cable agarrar
cuando soplan tempestades.
No entiende de peleas y se aferra al suelo.


Siervo de las dos generaciones
que caminan entre sus abrazos
venció a Edipo sin desenvainar la espada
mientras Electra le miraba de reojo.


Él a sus sesenta y siempre padre.