viernes, 4 de noviembre de 2011

ROMANCE DE SOL Y LUNA


Esta historia sucedió en Galicia
donde dos mujeres se daban caricias.
Es un cuento del siglo XIX con dos princesas
reales, pertenecientes a la clase burguesa.
Bella era Sol, morena azabache,
tanto como Luna, de piel como la leche.
Dos niñas que juntas jugaron
y, sin darse cuenta, se enamoraron.
Mas no era la época. ¡Qué indecencia!
Su amor escondieron con miedo y paciencia.
Rodeadas de besos juntas estudiaron
y al acabar, de maestras trabajaron.
Pero hay mentes que no entienden y que dañan
a dos ángeles que separaron con guadaña.
Sol burlaba la noche y cada mañana,
entre amor y sueños, despertaba con su amada.
Luna, con disimulo, vencía al día
en bici iba con Sol, con la que comía.
Sus cuerpos se abrazaban, frágil porcelana,
confundiéndose enlazados en la blanca cama.
Su amor fue tan grande que de nuevo fueron pilladas,
las familias las rechazaron y fueron separadas
por pueblos, caminos, rías y cerros
que no hacían más que avivar sus recuerdos.
Sol, loca enamorada, se vistió de Lorenzo
para pintar esta historia en otro lienzo,
y dejando todo en busca de su amada
huyó con la lluvia en la madrugada.
Luna la agasajó con besos y un te quiero
presentando a su “novio“, un joven marinero
que con la identidad de su primo difunto se hizo,
un hombre extraño que no recibió bautizo.
Tanto esta historia conmovió al cura
que no dudó en casar a las criaturas.
Tras la boda, la gente vio la evidencia
y fueron culpadas pese a su inocencia.
Declaradas en busca y captura,
la pareja se dio a la fuga.
Escaparon, tras ser perseguidas,
en un barco encauzando sus vidas.
Hacia América pusieron rumbo, 
nadie supo de ellas en el Nuevo Mundo. 


En memoria de Marcela Gracia y Elisa Sánchez.